Lorenzo García Vega
(Fragmento)
Cristal muerte
Huidobro
Estar solo con uno mismo, o con Dios, ¿no es como
estar solo con una fiera? En cualquier momento puede
atacarte.
Wittgenstein
JUNIO 1998
Muchas latas de coca-cola. Alguien dice: “Hay un mar de latas.” Pienso en lo que pudiera ser un mar de latas de coca-cola.
Ataduras. Lo que sería vivir en un edificio de viejos.
Recuerdo de la azotea de aquel edificio, en la adolescencia. No me sabía mover. Casi nunca me supe mover.
Automatismo. El piso tercero del esqueleto. / Marsopa, desternillado de albaricoque. / Soy un soñador metilando(?), con razones piedra. / Voy por un lago y hay un pomo. Me desvisto. Todos los círculos: términos que abren la entrada a fachadas paravanes. / Esto lo apunta un anacrónico discípulo de Stefan George, cuando las carcajadas que me aturden. / Es la carga del soltero viviendo en la azotea de la madre. Hubo un tiempo en que estuve muy gordo. / La comida que tengo que botar en el cesto del CONICIT. Estoy en Venezuela y me tengo que ir. / El peso de cuando fui gordo. A uno lo devora alguien: una multitud, un clan. / Ese uno es una mujer, yo soy lo opuesto. Yo me disfrazo, pero me agarran. / Estoy envuelto de verdad.
Escena donde una familia mirando una petición de mano, la observación de unos componentes que pueden calificarse como inseguridades, el grabado con una novia tendida. ¿Detrás de la enumeración que acabo de hacer podría encontrarse, si se supiera hurgar bien, con el diagrama de una sexualidad escondida? Pero ¿por qué surge lo que acabo de decir? ¿Una sexualidad escondida? “Todo induce a creer —decía Breton en el Segundo manifiesto del surrealismo— que existe un cierto punto del espíritu en el que la vida y la muerte, lo real y lo imaginario, el pasado y el futuro, lo comunicable y lo incomunicable, lo alto y lo bajo, dejan de percibirse contradictoriamente.”
Estoy cansado de soñar lo mismo y de apuntar que he soñado lo mismo. Sólo que anoche el sueño ha tenido una peculiaridad: los dos temas, repetidos hasta el absurdo, han aparecido juntos: Mamá con su habitual agresividad, y Perla, la muchacha del Instituto que conocí cuando ella tenía quince años, y que en el sueño, por fin, se decide a aceptarme. ¡Qué trabazón puedo tener para, en los sueños, repetir y repetir lo que anoche acabé por unir. ¿Tengo, en el inconsciente, un monótono y cerrado aparatico? ¡Es increíble! Pero no hay duda de que algo muy jodido me debe suceder.
Nunca sabe uno. Siempre hay que estar preguntándose por el posible sentido de lo que a uno le sucede.
Nonsense. Tiene h de prudente. Pero ¿por qué la h puede ser prudente?
Describir a una mujer cuya voz evocase la tienda “El Encanto”. Pero ¿esto puede ser un posible ejercicio para la imaginación? ¿No en absoluto? Pues ¿podría la imaginación establecer un vínculo entre una tienda y una voz femenina? Y si lo lograra, ¿qué vínculo podría establecer?
No puede dormir por la angustia, opresión, que siente. No puede dormir por la sensación de achicharramaniento que lo invade, por las olas de miedo que va experimentando. Pero por fin se duerme. Sueña con un quimbombó. Despierta y se siente mejor. En el sueño, él se ve preparando el quimbombó. ¡Qué raro!
1. Cocina de gas al borde de estallar. La cocina como una armazón futurista. / 2. Digo lo primero que se me ocurre y surge “Los Alpes” (¿éste era el nombre de un lugar —¿una finca?— que quedaba cerca del Central Australia?). / 3. La cocina parece estar en un nivel antiquísimo de vida (?). / 4. Marta no sabe qué hacer con esa cocina.
Título: Tres X han quedado perdidas. Es el título de una posible tarjeta. ¿Qué se podría poner en esa tarjeta?: 1. Una canción de Louis Armstrong que me parece estar oyendo. 2. Una vista del comedor del Hotel Mendía, el hotel que estaba en Jagüey Grande. 3. Y hay una lista que es una sucesión de fases.
Título: Navegación bajo imagen. Bajo este título, ¿cómo se construiría una Cajita?
Sueño. Un colegio de viejos gordos que abusan sexualmente de unas mujeres jóvenes. Son unos diablillos sexuales, unos manipuladores. ¿Podrían ser calificados como gnomos?
1. Rincón martiano celeste agarrado al pipú. / 2. Me estoy vistiendo del Carnaval. No..., del Cardenal. Cierto, del Cardenal. Me estoy vistiendo del Cardenal. / 3. Son cinco copas. Soy un veterano del desastre. / 4. Puto de auxilio o fonda rábano. La sangre de caballo congelado que a uno le extrajeron. 5. Verdaderamente, ya puedo afirmar que no soy el que fui. Ya puedo afirmarlo.
Buscar un orden. Meterme dentro de una disciplina. Y hay otro propósito..., otra cosa que debería poner en práctica; pero se me olvida qué pueda ser. No ando muy bien con la memoria.
En el sueño, por mi descuido, los granos de arroz que están en un plato saltan y van a dar en el ojo de alguien. También hablo, y con ello salta un pedazo de carne hasta caer en el saquito de arroz de un comprador. Al despertarme siento la inseguridad y lo que bien puede ser un sentimiento de inferioridad. Entonces, al tomar la libretica y apuntar esto, me sobreviene el hipo, y con el hipo lo que pudiera calificar como orgánico: la impresión de que está, lo que acabo de soñar, como dentro de mi cuerpo.
Ayer, en el Publix, debido al excesivo calor y al agotamiento, me sentí como si fuese un trapo mojado.
No sé si estaba dormido o si estaba despierto, pero lo que ocupaba mi mente era la idea del suicidio.
¿Cómo sería un relato cuyo título fuera “Las esferas carecen de sonido”?
Acaba de morir el poeta nicaragüense Martínez Rivas. Poco conozco de su obra, pero recuerdo que decía, al evocar a los poetas muertos, de “sus voces como gallos remotos”.
Y estas voces de gallos remotos me llevan, no sé por qué, a las noches sobre los tejados de Jagüey. Lo muy remoto, por cierto.
Un nuevo juego de cama estreno esta noche. Pero parece que me pone nervioso. Ni el Xanac, que tomo siempre al acostarme, parece poder calmarme hoy. Siento como si una lava fuera a cubrir mis huesos.
Mostrando entradas con la etiqueta Lorenzo García Vega. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lorenzo García Vega. Mostrar todas las entradas
lunes, 23 de marzo de 2009
lunes, 6 de octubre de 2008
El cristal que se desdobla
Lorenzo García Vega
(Fragmento)
Cristal muerte
Huidobro
Estar solo con uno mismo, o con Dios,¿no es como estar solo con una
fiera? En cualquier momento puede atacarte.
Wittgenstein
FEBRERO, 1998
Por una parte, soy el bag boy que trata, en lo que puede, de vivir en el vacío. Por otra parte, a veces, no puedo dejar de ver toda la vida que no supe o no pude vivir (¿todavía lo lamento?).
¿Nostalgia de una vida que no fue? ¿A mí me correspondía vivir esa vida que no fue?
Desde que entré en el colegio de los jesuitas, en 1936, empecé a experimentar los pedazos de vida que quizá me hubieran podido corresponder, pero que no podría vivir.
Siento todo “lo que se quedó”. Siento que todos mis proyectos, como “asentamientos sentimentales”, fueron un fracaso.
Me quedé sin consumar nada. Y últimamente mis sueños están siendo como frescos donde se despliegan todo lo que fueron mis frustraciones.
¿Estaré en el comienzo de una frustración? Ideas sobre el suicidio.
De nuevo la muchacha que debe sentir como si llevara, entre las piernas, la hostia consagrada. Ahora, al verla, pienso en Léon Bloy. Este catolicón dijo (creo que en las cartas a su novia) que toda mujer creía tener el Paraíso Perdido.
Aquel que, en la tradición chamánica, va a ser un medicine man, se inicia siendo despedazado durante su sueño. Yo, que no voy a ser un medicine man ni nada que se le parezca, he sufrido toda mi vida (y no precisamente en los sueños) la sensación interior de ser como despedazado. La he sentido siempre, y lo que es peor, la sigo sintiendo ahora, en mi vejez. Esto me llena de desvalimiento, me hace sentir como si fuera un trapo. Y, lo que es peor, me llena de miedo al pensar que, si acaso sobreviera a la muerte, podría entonces, ya desencarnado, rodar y rodar como un despedazado.
Despedazamiento: se hacen muecas; uno, involuntariamente, llega a levantar los brazos. A veces, el temor de que alguien pueda ver a ese loco que uno lleva dentro.
Siguen los sueños con mi madre donde ella aparece negada a todo, o aparece impasible (aunque esto no obsta a que parezca querer llorar).Son sueños como de un mundo tan encerrado que la única salida sería el suicidio. ¿Son sueños de culpabilidad?
Por la mañana, antes de empezar a escribir en la computadora, pone la música de Satie. Ahora, precisamente ahora, no siente el despedazamiento, pero sabe que eso está ahí, que puede manifestarse en cualquier momento.
Hacerse pedazos. Luego los pedazos se vuelven a unir, y uno funciona a como pueda. Yo hago muecas, o levanto el brazo; muy a menudo, como si fuera una cosa mecánica, llamo a mi madre.
Despedazamiento=como si la identidad se rompiera en pedazos.
En una Ofrenda oscura, Maeterlinck ofrecía unos leones ahogados al sol.
Y esa música de Satie que oigo. Su llevarme hacia atrás, hacia lo que no se sabe si es un recuerdo. Pero, si no es un recuerdo, ¿qué es lo que puede ser?
El Deseo. ¿Qué es el Deseo? Pero no, ya estoy viejo y no puedo formularme la pregunta en el presente. La pregunta, ya, es ésta: ¿qué fue el Deseo?
En la mesa del restaurant. Por un momento, vibra el cuchillo sobre el mantel. ¿Por qué eso me impresiona, hasta tal punto que me parece que debe ser narrado? “Yeah, Pops was right, it’s a wonderful world”, dijo Louis Armstrong. Y es extraño, siento a la vez las dos versiones del gnosticismo: me parece que el mundo es maravilloso, y creo que el mundo es como un castigo. ¿Nunca podré tener un poco de paz?
Mi vida pudiera ser como el argumento de una película argentina de la década del cincuenta (?). Una película donde se vieran muchos sillones de mimbre (¿Por qué muchos sillones de mimbre? ¡Cuántas cosas se le ocurren a uno!) Un argumento —mi vida sentimental— que resultó ser un fracaso.
Es decir, mi vida como la película argentina que gusta poco, por ser ella un paquetazo. Pero ¿qué es lo que estoy diciendo?
El mundo es maravilloso, y el mundo es como un castigo. “Yeah, Pops was right, it’s a wonderful world”, y esto junto con lo que decía Kierkegaard: “Todo el orden de las cosas me llena de un sentimiento de angustia, desde el mosquito hasta el misterio de la encarnación; todo es enteramente ininteligible para mí, y en especial mi persona. Muy grande es mi tristeza, y no tiene límites. Nadie la conoce, excepto Dios que está en los cielos, y el no puede apiadarse.” Pues se trata de que, cuando era joven y podía sentir intensamente la sensualidad maravillosa del mundo, esto siempre resultaba siendo un plato demasiado fuerte para mi estómago; al final, no podía mantenerme frente al soplo fuerte de la vida, ya que el miedo (el miedo a volverme loco) hacía que las piernas me flaquearan.
Y pensar, además, que todo esto me sucedía en un país antillano, sensual y sabrosón. Verdaderamente, he llevado una vida de mierda.
Me pongo guantes para trabajar en el supermercado. Odio a los niños que me preguntan por qué uso guantes. Pero odio todavía más a los adultos que, con una sonrisa de satisfacción (es una satisfacción como debida al saber bien por qué el otro procede como procede), me dicen que ellos saben que yo uso guantes debido al frío (pero, ¿cómo pueden ser tan imbéciles?)
(Fragmento)
Cristal muerte
Huidobro
Estar solo con uno mismo, o con Dios,¿no es como estar solo con una
fiera? En cualquier momento puede atacarte.
Wittgenstein
FEBRERO, 1998
Por una parte, soy el bag boy que trata, en lo que puede, de vivir en el vacío. Por otra parte, a veces, no puedo dejar de ver toda la vida que no supe o no pude vivir (¿todavía lo lamento?).
¿Nostalgia de una vida que no fue? ¿A mí me correspondía vivir esa vida que no fue?
Desde que entré en el colegio de los jesuitas, en 1936, empecé a experimentar los pedazos de vida que quizá me hubieran podido corresponder, pero que no podría vivir.
Siento todo “lo que se quedó”. Siento que todos mis proyectos, como “asentamientos sentimentales”, fueron un fracaso.
Me quedé sin consumar nada. Y últimamente mis sueños están siendo como frescos donde se despliegan todo lo que fueron mis frustraciones.
¿Estaré en el comienzo de una frustración? Ideas sobre el suicidio.
De nuevo la muchacha que debe sentir como si llevara, entre las piernas, la hostia consagrada. Ahora, al verla, pienso en Léon Bloy. Este catolicón dijo (creo que en las cartas a su novia) que toda mujer creía tener el Paraíso Perdido.
Aquel que, en la tradición chamánica, va a ser un medicine man, se inicia siendo despedazado durante su sueño. Yo, que no voy a ser un medicine man ni nada que se le parezca, he sufrido toda mi vida (y no precisamente en los sueños) la sensación interior de ser como despedazado. La he sentido siempre, y lo que es peor, la sigo sintiendo ahora, en mi vejez. Esto me llena de desvalimiento, me hace sentir como si fuera un trapo. Y, lo que es peor, me llena de miedo al pensar que, si acaso sobreviera a la muerte, podría entonces, ya desencarnado, rodar y rodar como un despedazado.
Despedazamiento: se hacen muecas; uno, involuntariamente, llega a levantar los brazos. A veces, el temor de que alguien pueda ver a ese loco que uno lleva dentro.
Siguen los sueños con mi madre donde ella aparece negada a todo, o aparece impasible (aunque esto no obsta a que parezca querer llorar).Son sueños como de un mundo tan encerrado que la única salida sería el suicidio. ¿Son sueños de culpabilidad?
Por la mañana, antes de empezar a escribir en la computadora, pone la música de Satie. Ahora, precisamente ahora, no siente el despedazamiento, pero sabe que eso está ahí, que puede manifestarse en cualquier momento.
Hacerse pedazos. Luego los pedazos se vuelven a unir, y uno funciona a como pueda. Yo hago muecas, o levanto el brazo; muy a menudo, como si fuera una cosa mecánica, llamo a mi madre.
Despedazamiento=como si la identidad se rompiera en pedazos.
En una Ofrenda oscura, Maeterlinck ofrecía unos leones ahogados al sol.
Y esa música de Satie que oigo. Su llevarme hacia atrás, hacia lo que no se sabe si es un recuerdo. Pero, si no es un recuerdo, ¿qué es lo que puede ser?
El Deseo. ¿Qué es el Deseo? Pero no, ya estoy viejo y no puedo formularme la pregunta en el presente. La pregunta, ya, es ésta: ¿qué fue el Deseo?
En la mesa del restaurant. Por un momento, vibra el cuchillo sobre el mantel. ¿Por qué eso me impresiona, hasta tal punto que me parece que debe ser narrado? “Yeah, Pops was right, it’s a wonderful world”, dijo Louis Armstrong. Y es extraño, siento a la vez las dos versiones del gnosticismo: me parece que el mundo es maravilloso, y creo que el mundo es como un castigo. ¿Nunca podré tener un poco de paz?
Mi vida pudiera ser como el argumento de una película argentina de la década del cincuenta (?). Una película donde se vieran muchos sillones de mimbre (¿Por qué muchos sillones de mimbre? ¡Cuántas cosas se le ocurren a uno!) Un argumento —mi vida sentimental— que resultó ser un fracaso.
Es decir, mi vida como la película argentina que gusta poco, por ser ella un paquetazo. Pero ¿qué es lo que estoy diciendo?
El mundo es maravilloso, y el mundo es como un castigo. “Yeah, Pops was right, it’s a wonderful world”, y esto junto con lo que decía Kierkegaard: “Todo el orden de las cosas me llena de un sentimiento de angustia, desde el mosquito hasta el misterio de la encarnación; todo es enteramente ininteligible para mí, y en especial mi persona. Muy grande es mi tristeza, y no tiene límites. Nadie la conoce, excepto Dios que está en los cielos, y el no puede apiadarse.” Pues se trata de que, cuando era joven y podía sentir intensamente la sensualidad maravillosa del mundo, esto siempre resultaba siendo un plato demasiado fuerte para mi estómago; al final, no podía mantenerme frente al soplo fuerte de la vida, ya que el miedo (el miedo a volverme loco) hacía que las piernas me flaquearan.
Y pensar, además, que todo esto me sucedía en un país antillano, sensual y sabrosón. Verdaderamente, he llevado una vida de mierda.
Me pongo guantes para trabajar en el supermercado. Odio a los niños que me preguntan por qué uso guantes. Pero odio todavía más a los adultos que, con una sonrisa de satisfacción (es una satisfacción como debida al saber bien por qué el otro procede como procede), me dicen que ellos saben que yo uso guantes debido al frío (pero, ¿cómo pueden ser tan imbéciles?)
Etiquetas:
León Bloy,
Lorenzo García Vega,
Louis Armstrong
Suscribirse a:
Entradas (Atom)